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Vendo casa en Molina, V 1225-27-LR-01.21

Vendo casa en Molina.

Vendo casa en Molina,  es una hermosa casa ubicada en la comuna de Molina con acceso expedito a centros comerciales, colegios, jardines infantiles y supermercado. El inmueble permite acceder fácilmente al Cesfam, lo que garantiza una buena atención para la familia. La locomoción es mediante micro y vehículos particulares.

La distribución de la propiedad es del siguiente tenor:

1.- Dos habitaciones.

2.- Un baño.

3.- Living comedor.

4.- Estacionamiento para dos vehículo.

Características indicadas, salvo error u omisión.

Llamar: 941800002 – 984672819

Vendo casa en Molina, V 1225-27-CBR-01.21

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Ramírez Propiedades . cl

Vendo casa en Molina, V 1225-27-CBR-01.21

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Monólogo de un padre con su hijo de meses 

Nada se pierde con vivir, ensaya:

aquí tienes un cuerpo a tu medida

Lo hemos hecho en sombra por amor a las artes de la carne

pero también en serio

pensando en tu visita como en un nuevo juego gozoso y

doloroso;

por amor a la vida, por temor a la muerte y a la vida,

por amor a la muerte

para ti o para nadie.

Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta como a

nosotros este doble regalo que

te hemos hecho y que nos hemos hecho.

Cierto, tan sólo un poco del vergonzante barro original,

la angustia y el placer en un grito de impotencia.

Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza del huevo,

a plena luz, ligero y jubiloso, sólo un hombre:

la fiera vieja del nacimiento, vencida por las moscas, babeante

y rebosante.

Pero vive y verás el monstruo que eres con benevolencia

abrir un ojo y otro así de grandes,

encasquetarse el cielo, mirarlo todo como por adentro,

preguntarle a las cosas por sus nombres

reír con lo que ríe,

llorar con lo que llora,

tiranizar a gatos y conejos.

Nada se pierde con vivir, tenemos todo el tiempo del tiempo por

delante

para ser el vacío que somos en el fondo.

Y la niñez, escucha:

no hay loco más feliz que un niño cuerdo

ni acierta el sabio como un niño loco.

Todo lo que vivimos lo vivimos ya a los diez años más

intensamente;

los deseos entonces se dormían los unos en los otros.

Venía el sueño a cada instante,

el sueño que restablece en todo el perfecto desorden

a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;

allí en ese castillo movedizo eras el rey, la reina, tus secuaces,

el bufón que se ríe de sí mismo,

los pájaros, las fieras melodiosos.

Para hacer el amor allí estaba tu madre

y el amor era el beso de otro mundo en la frente,

con que se reanima a los enfermos,

una lectura a media voz,

la nostalgia de nadie y nada que nos da la música.

Pero pasan los años por los años y he aquí que eres ya un

adolescente.

Bajas del monte como Zaratustra a luchar por el hombre contra

el hombre:

grave misión que nadie te encomienda;

en tu familia inspiras desconfianza,

hablas de Dios en un tono sarcástico, llegas a casa al otro día,

muerto.

Se dice que enamoras a una vieja, te han visto dando saltos en

el aire,

prolongas tus estudios con estudios de los que se resiente tu

cabeza.

No hay alegría que te alegre tanto como caer de golpe en la

tristeza

ni dolor que te duela tan a fondo como el placer de vivir sin

objeto.

Grave edad, hay algunos que se matan porque no pueden

soportar la muerte,

quienes se entregan a una causa injusta en su sed sanguinaria

de justicia.

Los que más bajo caen son los grandes,

a los pequeños les perdemos el rumbo.

En el amor se traicionan todos,

el amor es el padre de sus vicios.

Si una mujer se enternece contigo le exigirás te siga hasta la

tumba,

que abandone en el acto a sus parientes,

que instale en otra parte su negocio.

Pero llega el momento fatalmente en que tu juventud te da la

espalda

y por primera vez su rostro inolvidable en tanto huye de ti que

la persigues a salto de ojo,

inmóvil, en una silla negra.

Ha llegado el momento de hacer algo parece que te dice todo

el

mundo

y tú dices que sí, con la cabeza.

En plena decadencia metafísica caminas ahora con una libretita

de direcciones en la mano,

impecablemente vestido,

con la modestia de un hombre joven que se abre paso en la

vida,

dispuesto a todo.

El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde en

el cielo dejándolas a todas en su sitio.

De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como un pez

en el agua.

Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que

vives:

eres, por fin, un hombre entre los hombres.

Y así llegas a viejo como quien vuelve a su país de origen

después de un viaje interminable corto de revivir, largo de

relatar,

te espera en ti la muerte, tu esqueleto con los brazos abiertos,

pero tú la rechazas por un instante,

quieres mirarte larga y sucesivamente en el espejo que se pone

opaco.

Apoyado en lejanos transeúntes vas y vienes de negro,

al trote, conversando contigo mismo a gritos, como un pájaro.

No hay tiempo que perder, eres el último de tu generación en

apagar el sol y convertirte en polvo.

No hay tiempo que perder en este mundo embellecido por su fin

tan próximo.

Se te ve en todas partes dando vueltas en torno a cualquier

cosa como en éxtasis.

De tus salidas a la calle vuelves con los bolsillos llenos de

tesoros absurdos: guijarros, florecillas.

Hasta que un día ya no puedes luchar a muerte con la muerte y

te entregas a ella, a un sueño sin salida, más blanco cada vez,

sonriendo, sollozando como un niño de pecho.

Nada se pierde con vivir, ensaya: aquí tienes un cuerpo a tu

medida,

lo hemos hecho en la sombra por amor a las artes de la carne

pero también en serio,

pensando en tu visita

para ti o para nadie.

Enrique Lihn (1929 – 1988) Chile

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  • Leonardo Ramírez Gómez

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