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Se Vende Parcela En Lo Figueroa , Pencahue V 501-85-GR

Se vende Parcela en Lo Figueroa ,Pencahue.

Vendo Parcelaen Lo Figueroa ,Pencahue ,Parcela  de 15.000 m2 , ubicada a orilla de carretera pavimentada, En Lo Figueroa comuna de Pencahue, provincia de Talca, a 300 mts del restaurante Caupolicán. Acceso por dos caminos laterales y camino publico. A 9 Km de Talca.

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Proyecto- Parcela-en venta - En Lo Figueroa -Comuna De Pencahue.

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Sábado en los musseques 

 
Los musseques son barrios humildes 
de gente humilde. 
 
Viene el sábado 
y luego allí se confunde con la propia vida, 
transformada en desesperación, 
en esperanza y en ansiedad mística. 
 
Ansiedad encontrada 
en el significado de las cosas 
y de los seres, 
en la luna llena 
encendida en lugar de las farolas 
de iluminación pública, 
que pobreza y luz de luna 
casan bien. 
 
Ansiedad 
sentida en los tumultos 
y en el olor a bebidas alcohólicas, 
disperso en el aire 
con gritos de dolor y alegría 
mezclados en extraña orquestación. 
 
Ansiedad 
en el hombre uniformado 
alcanzando a otro hombre 
al que domina y lleva a puntapiés, 
y después de haber hecho correr sangre 
llena el pecho de satisfacción 
por haber maltratado a un hombre.
 
Otros evitarán pasar 
por donde el casse-tête derribó a un hombre, 
darán vueltas, 
saltarán muros, 
pisarán espinos, 
pies descalzos se cortarán 
sobre cascos de botellas 
rotas por niños inocentes, 
y cada mujer 
suspirará de alivio 
cuando su hombre entre en casa. 
 
Ansiedad 
en los soldados que se divierten 
emboscados a la sombra de los anacardos 
a la espera de incautos transeúntes. 
 
A intervalos 
ayes de dolor 
atormentan oídos, 
hieren corazones tímidos 
y se alejan los pasos 
en angustiosa carrera, 
y después de las risas de la masa 
desenfrenada 
sólo silencio, misterio, lágrimas y odio 
y carnes laceradas 
por las hebillas de los cinturones. 
 
Ansiedad 
en los que pasan 
en busca del placer fácil. 
 
Ansiedad en el hombre 
escondido en un rincón oscuro 
violando a un niño. 
 
Su riqueza callará al padre, 
y el niño 
sólo tarde 
clamara contra el destino. 
 
Ansiedad oída 
en la pelea de la taberna. 
 
Compadres discutiendo 
escandalosamente 
vieja deuda de cien mies reales 
entre los murmullos 
de la numerosa asistencia. 
 
Ansiedad 
en las mujeres 
que abandonan a los hombres 
para oír 
los gritos de la vecina 
discutiendo por la pobreza del marido. 
 
Se oyen 
lloros histéricos, 
ruidos de sillas caídas, 
respiraciones jadeantes, 
tintineo doloroso 
de loza de hierro esmaltado, 
y la multitud invade la casa, 
los desavenidos la expulsan 
y después viene la reconciliación 
con risitas de placer. 
 
Ansiedad 
en los altavoces del cine, 
en las bocas abiertas 
para gritar swings 
al pie de las taquillas 
mientras un carrusel 
arrastra en un torbellino de sueño, 
lucecitas rojas, verdes, azules, 
y también 
el cambio de dos mil quinientos 
enamorados y niños. 
 
Ansiedad 
en los batuques melancólicos 
de los kiocos contratados, 
formando más allá del campamento 
el fondo de todo el ruido. 
 
Lunda sin fronteras 
adornando el susurro 
del ansia tumultuosa. 
 
Ansiedad 
en el humilde niño 
que huye amedrentado del policía 
de servicio. 
 
Ansiedad 
al son de la viola 
acompañando una voz 
que canta sambas indefinidas 
deliciosamente perezosas, 
llenando el aire 
de deseo de romper en llanto. 
 
Con la voz 
pasa el grito de melancolía 
que la multitud tiene de los días no vividos, 
de los días de libertad, 
y la noche 
les bebe las ansias de vida. 
 
Ansiedad 
en los borrachos caídos en las calles, 
noche tardía. 
 
Ansiedad 
en las madres que gritan 
buscando a los hijos desaparecidos, 
en las mujeres que pasan embriagadas, 
en el hombre 
que consulta el kimbanda 
para conservar el empleo, 
en la mujer 
que pide drogas al hechicero 
para conservar al marido, 
en la madre 
que pregunta al adivino 
si la hijita se salvará 
de la neumonía 
en la choza 
de viejas latas agujereadas, 
en las mujeres  implorando 
compasión 
a nuestras señoras 
en las familias rezando. 
 
Mientras oran, 
los borrachos orinan en la calle 
apoyados en la pared, 
alejándose después 
ridiculizando los rezos 
que percibieron 
a través de las persianas de las ventanas. 
 
Ansiedad en la kazukuta 
bailada a la luz del acetileno 
o de la farola Petromax 
en la sala pintada de azul, 
llena de polvo 
y de el olor a sudor de los cuerpos 
y de meneos de traseros 
y de contactos de sexos. 
 
Ansiedad 
en los que ríen y en los que lloran, 
en los que entienden 
y en los que respiran sin comprender. 
 
Ansiedad 
en los salones de baile 
rebosantes de gente, 
donde de ahí a un momento 
el enamorado reprende a la novia 
lanzando insultos al aire, 
llenando el recinto de preguntas 
que se derraman hacia la calle, 
acudiendo policías a los silbidos. 
 
Ansiedad 
en el esqueleto de palo a pique 
amenazadoramente inclinado 
por sustentar el pesado techo de zinc, 
y en los patios 
sembrados de excrementos y malos olores, 
en los muebles sucios de grasa, 
en las sábanas agujereadas, 
en las camas sin colchón. 
 
Ansiedad 
en los que descubren multitudes pasivas 
esperando la hora. 
 
En los hombres 
hierve el deseo de hacer el esfuerzo supremo 
para que el Hombre 
renazca en cada hombre 
y la esperanza 
no se torne más 
en lamentos de la multitud. 
 
La propia vida 
hace desabrochar más voluntades 
en las miradas ansiosas de los que pasan. 
 
El sábado mezcló la noche 
en los musseques 
con mística ansiedad, 
e implacablemente 
va desplegando heroicas banderas 
en las almas esclavizadas.
 
Agostinho Neto (1922 – 1979) Angola

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