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Se Vende Parcela En Lo Figueroa , Pencahue V 501-50-GR-09.13

Se vende  Parcela en Lo Figueroa ,Pencahue. 

CHAPA-INTELIGENTE-RAMIREZ-PROPIEDADES

TIENDA DOMÓTICA

Se vende parcela en Lo Figueroa comuna de Pencahue . Es una  parcela  de 5.000 m2 ubicadas a orilla de la vía pavimentada camino Talca-Pencahue en la provincia de Talca, a 300 metros del restaurante Caupolicán. La parcela tiene acceso por dos caminos laterales perpendiculares al camino público. La distancia desde Talca a las parcelas son  9 Km.

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Valor  $ 50.000.000

Precio y características mencionadas salvo error u omisión.

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Sábado en los musseques 

Los musseques son barrios humildes de gente humilde.

Viene el sábado y luego allí se confunde con la propia vida, transformada en desesperación, en esperanza y en ansiedad mística.

Ansiedad encontrada en el significado de las cosas y de los seres, en la luna llena encendida en lugar de las farolas de iluminación pública, que pobreza y luz de luna casan bien.

Ansiedad sentida en los tumultos y en el olor a bebidas alcohólicas, disperso en el aire con gritos de dolor y alegría mezclados en extraña orquestación.

Ansiedad en el hombre uniformado alcanzando a otro hombre al que domina y lleva a puntapiés, y después de haber hecho correr sangre llena el pecho de satisfacción por haber maltratado a un hombre.

Otros evitarán pasar por donde el casse-tête derribó a un hombre, darán vueltas, saltarán muros, pisarán espinos, pies descalzos se cortarán sobre cascos de botellas rotas por niños inocentes, y cada mujer suspirará de alivio cuando su hombre entre en casa.

Ansiedad en los soldados que se divierten emboscados a la sombra de los anacardos a la espera de incautos transeúntes.

A intervalos ayes de dolor atormentan oídos, hieren corazones tímidos y se alejan los pasos en angustiosa carrera, y después de las risas de la masa desenfrenada sólo silencio, misterio, lágrimas y odio y carnes laceradas por las hebillas de los cinturones.

Ansiedad en los que pasan en busca del placer fácil.

Ansiedad en el hombre escondido en un rincón oscuro violando a un niño.  Su riqueza callará al padre, y el niño sólo tarde clamara contra el destino.

Ansiedad oída en la pelea de la taberna.  Compadres discutiendo escandalosamente vieja deuda de cien mies reales entre los murmullos de la numerosa asistencia.

Ansiedad en las mujeres que abandonan a los hombres para oír los gritos de la vecina discutiendo por la pobreza del marido.

Se oyen lloros histéricos, ruidos de sillas caídas, respiraciones jadeantes, tintineo doloroso de loza de hierro esmaltado, y la multitud invade la casa, los desavenidos la expulsan y después viene la reconciliación con risitas de placer.

Ansiedad en los altavoces del cine, en las bocas abiertas para gritar swings al pie de las taquillas mientras un carrusel arrastra en un torbellino de sueño, lucecitas rojas, verdes, azules, y también el cambio de dos mil quinientos enamorados y niños.

Ansiedad en los batuques melancólicos de los kiocos contratados, formando más allá del campamento el fondo de todo el ruido.  Lunda sin fronteras adornando el susurro del ansia tumultuosa.

Ansiedad en el humilde niño que huye amedrentado del policía de servicio.

Ansiedad al son de la viola acompañando una voz que canta sambas indefinidas deliciosamente perezosas, llenando el aire de deseo de romper en llanto.

Con la voz pasa el grito de melancolía que la multitud tiene de los días no vividos, de los días de libertad, y la noche les bebe las ansias de vida.

Ansiedad en los borrachos caídos en las calles, noche tardía.

Ansiedad en las madres que gritan buscando a los hijos desaparecidos, en las mujeres que pasan embriagadas, en el hombre que consulta el kimbanda para conservar el empleo, en la mujer que pide drogas al hechicero para conservar al marido, en la madre que pregunta al adivino si la hijita se salvará de la neumonía en la choza de viejas latas agujereadas, en las mujeres  implorando compasión a nuestras señoras en las familias rezando.

Mientras oran, los borrachos orinan en la calle apoyados en la pared, alejándose después ridiculizando los rezos que percibieron a través de las persianas de las ventanas.

Ansiedad en la kazukuta bailada a la luz del acetileno o de la farola Petromax en la sala pintada de azul, llena de polvo y de el olor a sudor de los cuerpos y de meneos de traseros y de contactos de sexos.

Ansiedad en los que ríen y en los que lloran, en los que entienden y en los que respiran sin comprender.

Ansiedad en los salones de baile rebosantes de gente, donde de ahí a un momento el enamorado reprende a la novia lanzando insultos al aire, llenando el recinto de preguntas que se derraman hacia la calle, acudiendo policías a los silbidos.

Ansiedad en el esqueleto de palo a pique amenazadoramente inclinado por sustentar el pesado techo de zinc, y en los patios sembrados de excrementos y malos olores, en los muebles sucios de grasa, en las sábanas agujereadas, en las camas sin colchón.

Ansiedad en los que descubren multitudes pasivas esperando la hora.  En los hombres hierve el deseo de hacer el esfuerzo supremo para que el Hombre renazca en cada hombre y la esperanza no se torne más en lamentos de la multitud.

La propia vida hace desabrochar más voluntades en las miradas ansiosas de los que pasan.

El sábado mezcló la noche en los musseques con mística ansiedad, e implacablemente va desplegando heroicas banderas en las almas esclavizadas.

Agostinho Neto (1922 – 1979) Angola

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  • Gustavo Ramírez Gómez

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